NUEVA ORLEANS (AP) - Josué Vega vino a la ciudad del jazz
atraído por versiones de que lo que sobraba era trabajo y dinero
luego del paso devastador del huracán Katrina en agosto del 2005.
Y como muchos miles más de inmigrantes hispanos, el joven
indocumentado hondureño de 20 años lo comprobó.
Vega dejó atrás un trabajo como ayudante de construcción en el
que ganaba no más de 200 dólares semanales en Houston y en la
primera semana de haber llegado a Nueva Orleáns -a finales de 2006-
recibió 450 dólares por tareas de limpieza y reconstrucción de una
ciudad que veía partir a muchos de sus residentes de siempre y
llegar una cantidad de latinos dispuestos a trabajar cada día por
más de ocho horas.

BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: Children from Baghdad's Chaldean Catholic community smile in the pews at a mass attended by Iraqi Christians, local Muslim tribal leaders, and US soldiers November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. But a recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted hundreds of worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: Monsignor Shelman Wardoun, a Chaldean Catholic bishop, is escorted by US soldiers after conducting a Catholic mass November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. A recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted around a hundred worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: A man from Baghdad's Chaldean Catholic community reads over hymms printed in Arabic at a mass attended by Iraqi Christians, local Muslim tribal leaders, and US soldiers November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. A recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted around a hundred worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: Local Muslim tribal leaders attend a mass in a Chaldean Catholic church in a service attended by Iraqi Christians, local Muslim tribal leaders, and US soldiers November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. A recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted around a hundred worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: Iraqi Chaldean Catholics stand in pews during a mass attended by Iraqi Christians, local Muslim tribal leaders, and US soldiers November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. But a recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted around a hundred worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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BAGHDAD, IRAQ - NOVEMBER 15: Local Muslim tribal leaders attend a mass in a Chaldean Catholic church in a service attended by Iraqi Christians, local Muslim tribal leaders, and US soldiers November 15, 2007 in Bagdhad, Iraq. The service was held at St. John the Baptist, a church in the neighbohood of Dora that closed earlier this year due to Islamic militant threats. A recent decrease in violence has allowed the Iraqi Christians to re-open the church for the first time in seven months, and the afternoon mass attracted around a hundred worshippers. (Photo by Chris Hondros/Getty Images)
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A protesters stands in front of the Music Box theater where the show 'The Farnsworth Invention' is canceled near Times Square Thursday, Nov. 15, 2007 in New York. Farnsworth is the chap who invented television 80 years ago, then was cheated out of his due credit, fame and riches. He died in 1971, but, 36 years later, was poised for a posthumous revival. A new play about him was opening on Broadway, then theater stagehands went on strike. (AP Photo/Frank Franklin II)
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A sign on the door of the Music Box Theater announces that the show 'The Farnsworth Invention' is canceled Thursday, Nov. 15, 2007 in New York. Farnsworth is the chap who invented television 80 years ago, then was cheated out of his due credit, fame and riches. He died in 1971, but, 36 years later, was poised for a posthumous revival. A new play about him was opening on Broadway, then theater stagehands went on strike. (AP Photo/Frank Franklin II)
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Pedestrians and traffic pass the Music Box theater where the show 'The Farnsworth Invention' is canceled near Times Square Thursday, Nov. 15, 2007 in New York. Farnsworth is the chap who invented television 80 years ago, then was cheated out of his due credit, fame and riches. He died in 1971, but, 36 years later, was poised for a posthumous revival. A new play about him was opening on Broadway, then theater stagehands went on strike. (AP Photo/Frank Franklin II)
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Protesters gather in front of the Music Box theater where the show 'The Farnsworth Invention' is canceled near Times Square Thursday, Nov. 15, 2007 in New York. Farnsworth is the chap who invented television 80 years ago, then was cheated out of his due credit, fame and riches. He died in 1971, but, 36 years later, was poised for a posthumous revival. A new play about him was opening on Broadway, then theater stagehands went on strike. (AP Photo/Frank Franklin II)
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Vega llegó a ganar 150 dólares o más diarios, trabajando de
lunes a sábado y muchas veces hasta los domingos.
Pero para el hondureño y el resto de los inmigrantes esa época
quedó atrás. Ya no se cobra tanto, empieza a escasear el trabajo, y
algunos piensan en regresar a sus países.
Ningún inmigrante coincide sobre cuándo comenzaron a trabajar no
más de tres días a la semana y ganar acaso 100 dólares por jornada,
pero sí en que desde el inicio del 2008 las cosas van de mal en
peor.
Juan Hernández, un guatemalteco de 56 años que llegó en junio de
2006, aún a tiempo de vivir la gloria que significaba trabajar en
Nueva Orleáns, describe la situación que viven los migrantes así:
"Esta no es la industria de los huevos de oro".
Investigadores y especialistas coinciden en los hispanos se ven
afectados por dos factores: una merma en el ritmo en la
reconstrucción y la lenta distribución de recursos gubernamentales.
"Inmediatamente después (de Katrina) la demanda laboral fue
enorme", dijo a la AP Elizabeth Fussell, profesora de la
Universidad Estatal de Washington, quien recordó que al inicio
muchos trabajadores hispanos, a menudo indocumentados, estaban
dispuestos incluso a arriesgar sus vidas en los duros trabajos
iniciales de limpieza con tal de obtener salarios altos.
"Ahora hay una menor demanda y es para trabajadores más
capacitados y quizá certificación del estado; esto se traduce en
menos demanda para trabajadores menos capacitados e
indocumentados", añadió la investigadora, que tras el paso de
Katrina ha estudiado el fenómeno migratorio en Nueva Orleáns.
Phuong Pham, profesor de la Universidad de Tulane, destaca que
ahora no se construyen tantas residencias como en los primeros dos
años.
"Habíamos esperado que se realizaría más trabajo de
construcción después de que los fondos del programa 'Road Home' se
hubiesen distribuido, pero el proceso no se ha completado aún",
añadió el investigador, que en 2006 participó en la elaboración de
un estudio sobre la fuerza laboral en la ciudad.
El programa Road Home fue puesto en marcha en 2006 para ayudar a
las víctimas de los huracanes Katrina y Rita que azotaron la zona
el año anterior.
Financiado con 10.300 millones de dólares de fondos federales,
las personas pueden recibir hasta más de 150.000 dólares para
reconstruir sus casas, pero hay informes de que el dinero no ha
llegado lo suficientemente rápido.
Un reporte de abril del 2008 de la organización Greater New
Orleans Community Data Center (GNOCDC) y del Instituto
Metropolitano Brookings, que mantienen un rastreo permanente sobre
la recuperación de la zona, señala que el ritmo de solicitudes de
ayuda disminuyó a menos de la mitad en el primer trimestre del año,
comparado con el último de 2007.
El informe refiere que entre enero y marzo del 2008 se otorgaron
14.038 ayudas del programa Road Home, cuando en el último trimestre
del 2007 fueron 30.491.
Añade que el monto promedio de esa ayuda también disminuyó al
pasar de 61.445 dólares en enero del 2008, a 58.841 dólares para el
último día de marzo.
Allison Plyer, subdirectora del GNOCDC, dijo a la AP que si bien
es posible que la construcción de casas haya disminuido, las
reparaciones de la infraestructura y los edificios públicos apenas
comienza.
"Si las habilidades de los trabajadores pueden contribuir a ese
trabajo y no hay obstáculos para que contribuyan en esos proyectos,
debería haber trabajo en el futuro", comentó.
La Autoridad para la Reconstrucción de Louisiana, que supervisa
la aplicación del programa Road Home, no respondió a una petición
de la AP para comentar el asunto.
No hay cifras oficiales exactas sobre cuántos hispanos arribaron
a Nueva Orleáns y sus alrededores después de Katrina. Lo único que
algunas autoridades se arriesgan a estimar es que los mexicanos
fueron quiénes más llegaron a la zona, superando a los hondureños,
que antes del huracán representaban la mayoría de los latinos.
Datos de los consulados de ambos países señalan que el número
hondureños bajó de unos 92.000 antes de Katrina a aproximadamente
60.000, mientras que el de mexicano se incrementó en un 54% hasta
alcanzar en la actualidad más de 70.000.
Josué y Juan se encuentran prácticamente a diario en el cruce de
avenida Veterans y la calle Divisions, en el suburbio de Metairie y
a unos metros del almacén de materiales Lowe's. Ahí, esperan horas
o a veces días a que una camioneta se acerque en busca de
trabajadores.
Es "la esquina", uno de los cruces donde decenas y hasta
cientos de inmigrantes se reúnen en espera de que algún contratista
o directamente el dueño de alguna casa derruida llegue a comprar
material y, de paso, a solicitar mano de obra.
Un fenómeno antiguo en varias ciudades estadounidenses con
presencia hispana, las "esquinas" nacieron en Nueva Orleáns y sus
alrededores después de Katrina.
El Congreso de Jornaleros, una organización no gubernamental
local formada en 2006 por activistas que buscan defender los
derechos de esos trabajadores, ha contabilizado hasta 17.
La directora de Relaciones Internacionales de la ciudad de Nueva
Orleáns, Lisa Ponce de León, señaló que en la zona las autoridades
tienen ubicadas alrededor de 15 esquinas.
En una declaración escrita enviada a la AP, Ponce de León
comentó que la ciudad tiene un decreto que prohibe a las personas
solicitar trabajo en las calles.
Sin embargo, agregó, desde el huracán Katrina y "reconociendo
las contribuciones importantes de estos trabajadores", la
autoridad local en coordinación con algunas organizaciones de
protección a los inmigrantes "ha relajado la aplicación del
decreto debido al número de jornaleros que llegan a Nueva Orleáns
en busca de trabajo".
Germán López, un hondureño de 39 años, llegó apenas en enero a
la ciudad. Atraído aún por versiones de amigos y conocidos de que
en Nueva Orleáns había más trabajo que en ningún otro lado.
"Cuando llegamos ya se miró la realidad de las cosas y no se
encuentra trabajo", dice.
Cuenta que en la última semana sólo trabajó seis horas y desde
que llegó no ha podido enviar dinero a su esposa y dos hijos en
Honduras.
"Muchos habemos aquí que lo que queremos más bien es hacer el
pasaje e irnos, porque la verdad aquí no se hace nada", asegura.
Un recorrido fuera del turístico French Quarter, la zona
céntrica donde se ha reconstruido prácticamente todo, basta para
constatar que aún hay cientos de casas y locales dañados o
derruidos.
Lower 9th Ward, al este de la ciudad, se mantiene como el
paradigma de la destrucción con innumerables casas y negocios con
techos, puertas y ventanas dañadas, o de plano apenas con algunas
maderas que recuerdan que ahí vivió alguien.
Lugar de recorrido para personalidades que suelen llegar a
mostrar su solidaridad, el Lower 9th Ward ha sido en los últimos
días el lugar de trabajo de Oswaldo Bonilla, un hondureño
indocumentado de 43 años que aún recuerda cuando llegó desde
Carolina del Norte con una compañía de limpieza que le pagaba 23,50
dólares por hora, más 60 dólares diarios para comida.
Aunque coincide en que el trabajo y la paga han disminuido, es
uno de los pocos que aún confía en que se recupere el empleo para
los inmigrantes.
"Pienso que se va a mejorar, porque no se puede quedar mucho
tiempo así", dice mientras voltea a mirar varias de las casas
derruidas.
En internet:
http://www.gnocdc.org/NOLAIndex/NOLAIndex.pdf
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