BLOG: Inmigrantes le ponen su color a la visita del Papa
BLOG: Hasta la Migra recibió al Papa
BLOG: Una carta y una petición al PapaWASHINGTON, DC.- Con opéra, salsa, cantos y plegarias los latinos en Estados Unidos le pusieron mucho movimiento y vida a la misa celebrada a cielo abierto en la capital de Estados Unidos por el Papa Benedicto XVI.
En un modernísimo estadio de beisbol, mole de concreto y acero, con vista al domo del Capitolio en el Congreso y rodeada por el río Ptomac, los parte de 46 mil espectadores, al menos una tercera parte latinos, impusieron su pasión ante la diversidad que compone la iglesia estadounidense.
Se puede decir que fue liturgia, concierto coral y de finisima arias y movimiento espiritual que incluyó de todo....baile, rezos, llanto, alegría sin fin, melaconlía y mucho español.
Benedicto XVI inclusive pudo lanzar una lágrima y mostrarse como un Sumo Pontífice visiblemente conmovido por la música y la fe de su Grey.
Con miles de aplausos y gritos de ¡viva el Papa!, ovacionando y en algunos casos hasta bailando bajo un calor sofocante, los latinos lograron que se olvidara el tono triste de esperanza que el Sumo Pontífice envió a sus seguidores, en medio de redadas migratorias y escándalos sexuales que agobian a la iglesia católica estadounidense.
La gente llegó desde las dos de la mañana, muchisímo antes de que amaneciera, para esperar a ver al Sumo Pontifice llegar de manera espectacular en el Papamóvil, dar la vuelta por el estadio convertido en la catedral abierta más grande del mundo.
Así con la magia de los estadios especialmente los de beiíbol, la normalmente tercera base pasó a ser el altar y trono de Pedro en la tierra con una estructura de al menos cuatro pisos de alto y con el emblema oficial del Vaticano en el tope.
Primera base se convirtió en la entrada y la salida por la que pasó el Pontífice y "home" se tapó con un elegante escudo oficial del Vaticano.
Para completar la magia, se vistieron graderías y logos anunciando al equipo local de los "Washington Nationals", con los colores oro y blanco del Vaticano, pero no se hizo ningún esfuerzo por esconder los letreros comerciales de los estancos.
Mientras la misa comenzaba, monjas y sacerdotes en español e inglés montaron una tienda en la que se hicieron miles de confesiones abiertas, cientos de gentes se formaron para confesarse en donde se pudiera.
Para no perder detalles, el "jumbotrón" del estadio, como le dicen a las televisiones gigantes en Estados Unidos reprodujo a todo color la misa que para los menos afortunados que se quedaron en la parte alta del estadio. Pero las televisiones estaban en todas partes, con la imágen del Papa, en los baños,sólo el sonido del evento para no perder detalle...
La primera parte de la liturgia a la que asistieron 14 cardenales, 250 obispos y mil 300 sacerdotes y en al que se repartió comunión a unos 300 ministros también se usaron una decena de coros, entre ellos varios multiculturales que usaron a ritmo de salsa una parte de la misa.
Luego de la entrada del Papa en procesión con los cardenales de la iglesia estadounidense y del mensaje sobre "el enorme dolor" que causó a la iglesia el caso de los abusos sexuales a menores de edad por parte de sacerdotes católicos, la gente escuchaba atenta al princípe de la iglesia
Yolanda Bolaños, originaria de El Salvador leyó las escrituras en español. La gente respondió respetuosa.
Sin embargo, el sabor se derrochó cuando el Papa rompió para hablar en español a sus fieles latinos a los que les pidió que mantuviera la fe y la esperanza "No se dejen vencer por el pesimismo, la inercia o los problemas...".
Ahí los latinos se pararon y ovacionaron a su lider a todo pulmón dándole vida a un estadio meláncolico.
Martha Acosta, originaria de Colombia y residente en Estados Unidos, con la sonrisa en la boca, indicó que fue cuando más emotiva le pareció la misa, sin embargo, hubo otros momentos muy emocinantes que enchinaron el cuero de todos los presentes.
Especialmente cuando el cantante de ópera, Plácido Domingo, director de la Opera de Washington, cantó el "Panis Angelicus" frente al Papa.
Conmovido, Benedicto XVI se pasó un dedo sobre el ojo izquierdo, mientras un Plácido encanecido entonaba cuidadosamente su aria. Al final el Papa no resistió y saliendo de protocolo se paró del trono y se paró a felicitar al tenor.
Con reflejo casi atlético, Domingo alcanzó al Pontífice y luego, se incó para besarle el anillo papal.
La gente devolvió el gesto con ovaciones derramándose desde las gradas..
Al final el Papa salió informalmente caminando rodeado de sus fieles felices con la misma sonrisa que el padre Eduardo Roque originario de México y que da misas en Houston y que viajó desde su parroquia para escuchar el mensaje de su líder espiritual.
Una sonrisa sencilla y muy especial.